miércoles, 17 de noviembre de 2010

AMORES ADOLESCENTES

El otro día en el autobús, se subieron dos chicas de unos trece o quince años, y era inevitable escuchar la conversación que llevaban. Una le decía a la otra la suerte que tenía porque Pablo quería ir al cine con ella, y la otra le contestaba ofendida porque ella con quien quería salir era con Mario no con Pablo....., y el resto de lo que hablaban ahora no viene a cuento. Hoy ví a la chica en cuestión, y no sé si iba de la mano con Mario, con Pablo o con Juan, pero lo que sí sé es que iba contenta y su sonrisa lo delataba.

El caso es que me hizo pensar en los amores adolescentes, lo que nos hacían sufrir! Y si embargo hoy vienen a mi mente acompañados de una sonrisa, tal vez por la nostalgia, tal vez por lo feliz que me hicieron en algunos momentos, no sé, simplemente sonrío al recordarlos.
Recuerdo que alrededor de los quince o los dieciseis, no recuerdo con precisión, tenía un amigo, un buen amigo. Un día de Santa Cecilia decidimos sin saber por qué empezar algo más, comenzamos una bonita e inocente relación que evidentemente no funcionó. A veces cuando hablo de ello reconozco que fue lo mejor que nos podía haber pasado, desde que lo dejamos nos convertimos en muy buenos amigos. A día de hoy lo seguimos siendo, y a pesar de la distancia kilométrica que nos separa y de que nuestras vidas han tomado caminos diferentes, hablamos de vez en cuando, y estoy segura de que ninguno nos olvidamos del otro.
Por otro lado hubo otra relación que marcó mucho mi vida, tenía alrededor de los dieciocho cuando creí haber conocido al hombre perfecto para compartir el resto de mis días, jajajaja, hoy me río pero os aseguro en aquellos momentos estaba enamorada hasta las trancas. Era una relación muy extraña la nuestra, iba y venía, estábamos y no estábamos, de repente hablábamos y nos veíamos todas las semanas y de repente pasaban meses y no sabíamos nada el uno del otro. Era una obsesión, pasaba las horas del domingo esperando a que sonara el teléfono y que fuera él, descolgaba una y otra vez para vez si funcionaba. Si llamaba, y era para quedar, en ese momento me convertía en la mujer más feliz del mundo, pero si llegaba la hora de salir y no había llamado, me cabreaba conmigo misma y con el mundo y los celos de pensar dónde estaría no me dejaban vivir. Estuvimos así varios años aunque parezca mentira. Si mis amigos leen esto, saben de sobra de lo que hablo. Un día se fue a vivir a otra Comunidad y perdimos el contacto por un tiempo, pero en el fondo de mi corazón todavía tenía un hueco muy muy grande. Cuando volvía de visita a casa de sus padres me llamaba y alguna vez conseguimos quedar.
Incluso a lo largo de mi primer y fracasado matrimonio nos vimos alguna vez, tomábamos café, charlábamos durante horas y luego como siempre, cada uno a su vida. He de reconocer que en todas y cada una de las citas, tenía la esperanza de que iba a rescatarme para siempre y sería un final de película tal y como había soñado tantas y tantas veces. Pero no fue así.

Y entonces, cuando ya no había esperanza de que mi vida amorosa tuviera un final feliz de ninguna de las maneras posibles, llegó EL: mi marido. Me olvidé del pasado por completo, no volví a ver a aquel supuesto "hombre de mi vida", la sensación de que teníamos algo pendiente murió el día que decidí emprender un camino nuevo junto a la persona que hoy comparte mi vida. La última vez que hablé con aquel muchacho me dijo que acababa de casarse y para ser honesta, ni frío ni calor, me alegré mucho por él y de todo corazón. No hemos vuelto a hablar, en Navidades nos mandamos un mensaje con los mejores deseos del uno hacia el otro, pero ya está.

Por eso, qué diferentes se ven las cosas a unas edades y a otras, o quizá ya no sea tanto culpa de la edad, sino de las circunstancias de nuestra vida. Nos aferramos a lo que tenemos más a mano y no nos damos cuenta de que lo mejor está aún por conocer.
Cuando menos me lo esperaba y sin ni siquiera buscarlo encontré el Amor, el amor verdadero, ese que te llena, que te hace sentir importante, que te da todo sin pedir nada a cambio, que a veces te hace llorar pero que nunca te hace sufrir, que te hace reír y que ríe contigo, que te entiende, que te escucha, que te aguanta tus malos ratos y que comparte también los buenos, al que echas de menos cuando pasan unas horas y no está a tu lado. Ese es mi marido, el que me dice a diario que me quiere una otra vez, pero sobretodo me lo demuestra cada momento. Sí, encontré el amor, y ahora sé lo que significa, y ahora sé que lo que había encontrado hasta ahora no eran más que amores adolescentes, de esos que van y vienen y no se detienen, pero de todos ellos he aprendido cosas, y precisamente por ello les doy las gracias.

Si alguna vez amaste y no te amaron, si fingieron quererte y te olvidaron, perdona a los amores que te mintieron, por lo feliz que fuiste cuando lo hicieron.


CUANDO CREAS QUE EL MUNDO SE DERRUMBA PORQUE TODO SE HA ACABADO, PIENSA EN MI, Y ALGUN DIA ESTARAS SONRIENDO, COMO YO LO HAGO AHORA RECORDANDO.


CARPE DIEM

2 comentarios:

  1. intentaré pensar en ti cada día, me encanta tu historia, y me pone tan feliz el verte atí en tu vida de ahora tannnn felizzzz, te quiero mucho e intentaré en mis bajones pensar en todo lo que tu me dices y m eexpresas porque es lo uqe me ayuda, te quiero =)

    ResponderEliminar
  2. sé que algún día voy a estar igual q feliz que tu =)

    ResponderEliminar