He tardado en reaparecer, pero aquí estoy, tarde o temprano siempre aparezco, jeje.
Dejamos pendiente el tema de los celos, y hoy podemos reflexionar sobre ellos.
Personalmente opino que existen varios tipos de celos, están esos celos que en el fondo el que los provoca se siente orgulloso de ellos, son inocentes, sabe que son infundados pero le gusta observar que su pareja los siente, porque eso significa que le importa, que le hace saltar una chispa la idea de que otro le pueda interesar. En el fondo esos son celos bonitos, inocentes, de los que no hacen nada de daño a la pareja, son pasajeros y refuerzan el amor. De esos que enseguida se descubre que no tienen lugar, y son olvidados fácilmente y prácticamente nunca se vuelven a recordar.
Luego están los celos que uno provoca a su pareja intencionadamente, sólo con la necesidad de hacerle daño o simplemente por comprobar si de verdad la quiere o no. Esos no son buenos, con el tiempo deterioran significativamente la unión, y al final uno no sabe dónde está el límite entre la ficción y la realidad.
Pero los peores son los celos enfermizos, hay gente que está continuamente dudando de la fidelidad de la persona con la que comparte su vida, y se creen que el otro de su propiedad y le quitan el derecho de relacionarse con otra gente. Se convierten entonces en una enfermedad con muy difícil o más bien nula solución. El que es celoso de este tipo lo pasa mal porque siempre está pensando en lo que estará haciendo el otro, y la víctima siempre sufriendo porque sabe que aunque no hace nada para provocar ese sentimiento en el otro tiene que cargar con las consecuencias.
Por ello opino que lo mejor para una buena relación basada en la total confianza hay que hablar mucho, exponer cualquier tipo de duda que nos surja en el momento, si no somos capaces de compartir con el otro este tipo de sensaciones o de intranquilidades, lo único que conseguimos es que en vez de solucionar el tema en el momento, cada vez nuestra mente de más y más vueltas y al final distorsionemos la realidad, y nos creamos lo que pensamos y sin pruebas acusamos, y todo es como una bola de nieve que rueda y rueda y se hace enorme y nos aplasata y ya no podemos levantarnos.
Por qué pensar por el otro si tenemos el don de las palabras y con ellas podemos comunicarnos? Tenemos la mala costumbre de tener completamente claro lo que opinan los demás y luego se producen malentendidos y de repente das cuenta que has dejado volar tu imaginación tan alto, que cuando reaccionas vas y cataplof!!!!!! te caes directamente al vacío sin saber qué pensar ni qué decir.
Cojamos por costumbre hablar mucho con el resto del mundo, expresemos nuestros sentimientos en el momento que los sentimos y no dejemos que nadie se ocupe de pensar ni de opinar por nosotros, y así mismo no lo intentemos hacer nosotros con los demás.
CARPE DIEM
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