viernes, 29 de julio de 2011

No es lo mismo oír, que escuchar!

Quise gritar, y así lo hice, grité con todas mis fuerzas, grité de mil formas diferentes y nadie me oía. Sólo el eco retumbaba en mi cabeza una y otra vez. No había nadie capaz de oírme, pensé que todos estaban lejos, sumergidos en su mundo lleno de ruidos que sobresalían por encima de mis gritos. No era cierto. Lamentablemente tras gritar durante días, la inminente y certera conclusión no fue otra que pensar que todos me estaban oyendo, no había ruidos, todos y cada uno de ellos eran capaces de oírme, pero nadie, ni siquiera de quien en ocasiones estuve tan cerca, fue capaz de escucharme.

Si alguien quiere escucharte será capaz de hacerlo incluso en tu silencio, pero no merece la pena gritar entre todos los que van a oírte si no hay ni una sóla persona con la capacidad necesaria para escuchar.

Grita cuando lo necesites, a pesar de mis gritos, por suerte o por desgracia siempre seré capaz de escuchar incluso tu silencio.



CARPE DIEM

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